¿Dónde está lo mexicano en las películas de Guillermo del Toro?

La película La Forma del Agua de Guillermo del Toro se perfila como una de las favoritas en la próxima entrega de los Oscar, tras ganar cuatro premios de los Críticos de Cine de Estados Unidos, incluidos mejor película, mejor director, mejor diseño de producción y mejor banda sonora. Anteriormente, en los Globos de Oro, la cinta se llevó los galardones a mejor director y mejor banda sonora. En el Festival de Venecia obtuvo el León de Oro al mejor filme. Recientemente, la cinta recibió 12 nominaciones en los premios de la Academia Británica de Cine y Televisión (BAFTA), que se realizarán el 18 de febrero.

La Forma del Agua es descrita por el propio del Toro como un cuento de hadas en tiempos problemáticos y la considera su mejor película de las 10 que ha filmado como director hasta el momento, en más de 20 años de carrera.

Para el cineasta, la fantasía no es un escape de la realidad, sino una forma de abordarla  y puede, o no, incluir un planteamiento político. Es el caso de La Forma del Agua. El guión fue escrito antes de la llegada de Trump al poder, pero el momentum de su estreno no podría ser más que oportuno. En la trama se muestran, de forma sutil, temas relacionados con el racismo, el acoso hacia las mujeres, la intolerancia con la homosexualidad, el desprecio por los otros. La historia se desarrolla en los Estados Unidos de los años 60 del siglo pasado, durante la Guerra Fría.

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La cinta, producida por los estudios Fox Searchlight, estaba presupuestada originalmente con 60 millones de dólares. Fue realizada con un capital mucho menor, 19. 5 millones, en los que se incluyó el salario del director, es decir, del Toro no cobró. El resultado refleja que el talento sobrepasa los límites materiales.

El realizador recuerda que al inicio de su carrera, James Cameron (director de Titanic, Avatar, Terminator, entre otras) le dijo que hay cineastas que hacen una película de 10 millones de dólares y parecen de 30, pero luego les das 80 millones y su películas lucen como de 30. El secreto, decía Cameron, es qué tan lejos puedes llegar y siempre debes exceder tu presupuesto. En La Forma del Agua vemos una producción que parece de 100 millones.

La amistad que une a los directores va más allá del cine. Es de conocimiento público que Cameron pagó el rescate de un millón de dólares que pidieron los secuestradores para liberar al padre de Guillermo del Toro. El crimen ocurrió en Jalisco, en 1998. Desde entonces, el cineasta mexicano dejó de residir en su país, pero nunca renunció a su mexicanidad.

Más allá de hablar de la película, con el fin de incitar a los lectores a que la vean y emitan su propia opinión, es pertinente rescatar algunas de las palabras del director ofrecidas en distintos foros, en las que expresa su sentir acerca de lo que significa ser mexicano en los tiempos de Trump, y cómo refleja su mexicanidad en sus películas.

¿Qué hay de mexicano en las películas de Guillermo del Toro? Respuesta: Guillermo del Toro.

Guillermo del Toro: Creo en las raíces, no en la geografía. La geografía es una estupidez que la gente inventó para mantenernos separados. Los gobiernos nos controlan a través de la geografía planeada, las preferencias, y muchas ideas que fueron inventadas. Cuando has nacido en un mundo, que visto desde el satélite México, Estados Unidos y Sudamérica lucen parecidos, te das cuenta que son un pedazo de tierra. No importa qué tanto lo intentes, no puedes negar de dónde eres. Tus raíces van directo a tus intestinos y te anclan en la tierra. Cuando la gente me pregunta, ¿qué hay de mexicano en mis películas?, respondo: Yo. Porque sin mi cabeza, mis intestinos y mis pelotas, las películas no existirían, porque provienen de esas tres fuentes. ¡Me vale madres! Voy a intentarlo. Eso es muy mexicano.  (Mi película) no podría ser sueca o francesa. (La nacionalidad) es sólo una marca alucinante, lo que nos permite hacer alebrijes en México. Eso es más importante que tener valores nacionalistas. Soy un ciudadano de un país en el que me siento amado y que amo. Soy un ciudadano momentáneo de ese país. No puedo estar en un país donde no siento eso. Me siento en casa en México, me siento en casa en Canadá. Estoy en casa en pocos lugares que amo en el mundo.

La única cosa que debemos reclamar como creadores de historias es perder la vergüenza. Cuando veo a Bernardo Bertolucci abordar la historia del Último Emperador de China y hacer una película magnífica, yo digo: “¿por qué no puedo hacer lo que quiera?”. Cuando llegué a Estados Unidos, después de que mi padre fue secuestrado, me daban guiones sobre mariachis, toreros, y traficantes de drogas. Yo les decía: “Ustedes no le enviarían un guión sobre la Real Policía Montada de Canadá a (David) Cronenberg —director canadiense de cine de terror—. ¿Por qué me ofrecen estos guiones?”. El primer acto de racismo es contra nosotros mismos. No deberíamos tenerlo. Debemos vivir sin vergüenza. Libres. Y decir cualquier historia que queramos decir, entonces es cuando te sientes en casa. Guillermo del Toro en el Festival Internacional de Cine de Toronto, en su respuesta a la pregunta de una periodista mexicana de la agencia Notimex, quien le cuestionó si sentía que Canadá era como su segundo hogar. 7 de septiembre, 2017.


Tú realmente entiendes y tienes una extraordinaria habilidad para captar el lado oscuro de la naturaleza humana, tanto en la fantasía como en el terror, pero también como persona eres alegre y amoroso. ¿Cómo encuentras ese balance?

Guillermo del Toro: Por que soy mexicano. Nadie ama la vida como nosotros lo hacemos, a nuestra propia manera, porque somos muy conscientes de la muerte. La preciosidad de la vida es que va de un lado a otro hacia un destino al que todos vamos. Todo el mundo en este planeta se sube a un tren, cuyo destino final es la muerte. Todos vamos a vivir en el tren y tendremos amor, belleza, libertad. Creo que cuando eliminas alguno de los dos lados de la ecuación, es un panfleto. Cuando consideras la oscuridad para hablar de la luz, eso es realidad. Guillermo de Toro en la Conferencia de Prensa de los Globos de Oro, al responder a la pregunta de una periodista de la agencia Xinhua de China. 9 de enero, 2018.


Al inicio de la película (La Forma del Agua) aparece una mujer de la limpieza, muda, soltera, que es feliz y que tiene una vida sexual en esa soltería, no sólo sana sino muy intensa. En ese momento estamos pensando “Bien, Guillermo rompe con todo”. Pero luego todo acaba derivando en una historia de amor clásica. ¿Por qué has querido sumar todo eso en la misma película?

Guillermo del Toro: Porque en la historia de amor clásica, cuando los objetos de amor son clásicos, la historia es clásica. Pero (si el amor) es con un anfibio, eso le quita lo clásico. Si tú das una historia de la Bella y la Bestia; la bella es una princesita y la bestia se convierte en príncipe. Cuando la bestia se queda bestia y la bella se hace un poco bestia hacia el final, es otra idea. La película se llama La Forma del Agua porque el agua como el amor, no tiene forma y cuando aparece puede ser con una persona del mismo sexo, de una edad muy diferente. Puede aparecer en mil formas, pero lo reconoces. Para mí en la fabulación lo importante venía en la impronta de la mujer y el monstruo. Creo que es un halago, o peculiaridad, saber que alguien piense que una historia entre una mujer y un anfibio es muy normal.

¿Para cuándo el monstruo será femenino?

Guillermo del Toro: La historia de La Sirenita, que es profundamente tendenciosa, ya se ha hecho mil veces. El cuidado es no cifrar. La diferencia entre un símbolo y una cifra es que una cifra es un valor dado. Un símbolo es abierto y polivalente. Tú lo puedes interpretar de una forma, alguien más de otra. Estos son símbolos, no son cifras. Creo que cuando cifras lo femenino o lo masculino, así tan dicotómicamente, es muy difícil. Habrá gente que lo lea (interprete) y piense, entonces la feminidad es monstruosa. Creo que hay que operar con la tripa del artista, del narrador, y no decir “ahora voy a hacer un monstruo femenino”. Cuando lanzas la canción, la gente la canta como quiere. Guillermo del Toro al responder a los cuestionamientos de una periodista española sobre la representación de la feminidad en La Forma del Agua, en el programa Likes, grabado en el Festival Internacional Sitges de Cine Fantástico en Barcelona, 10 de octubre, 2017.


Para terminar

A los seis años de edad, del Toro vio la película La Criatura del Lago Negro (1954). Quedó impresionado por la escena en la que el monstruo nada junto a la protagonista, interpretada por Julia Adams. Pensó que el monstruo y la bella terminarían juntos, pero al final el anfibio es aniquilado. Con La Forma del Agua, el cineasta, ahora con 53 años, quiso corregir esa historia de amor que no prosperó, y demostrar, una vez más, que un mexicano puede abordar cualquier tema que le venga en gana sin tener que hablar de México, porque México vive en él.

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