Cultura mediática

Revalorizar la comunicación no verbal en el mundo tecnologizado

Quienes aún mantienen la capacidad de conectarse con su entorno empleando sus cinco sentidos, están en ventaja sobre quienes tienen una percepción limitada.

La señorita Yu estaba de compras en un centro comercial en la Ciudad de Wuhan, China, cuando un hombre chocó contra ella por accidente. El hombre se disculpó y continuó su paso, pero Yu olió algo raro en el cuerpo del sujeto y decidió seguirlo. El olor parecía ser magu, el nombre de una droga recreativa elaborada a base de metanfetaminas y cafeína. Para mala fortuna del maloliente, identificado como Zhang, la mujer con la que se tropezó era una oficial del departamento de narcóticos del Buró de Ferrocarriles de Seguridad Pública de Wuhan.

Las sospechas de Yu eran correctas. Llamó refuerzos y en minutos un grupo de policías había detenido al infortunado peatón, quien tenía en su poder 400 pastillas de la droga magu. Al catear su casa la policía encontró más de dos mil dosis. Un golpe de suerte o resultado del olfato entrenado de la oficial Yu.

Por supuesto que el sujeto no tenía ninguna intención de comunicarle a la oficial que era un narcotraficante, pero el hecho mismo de restarle importancia al sentido olfativo, a juzgar por los acontecimientos, refleja la predominancia que hemos dado a la comunicación verbal y visual como las formas más obvias de comunicación, por encima de los demás sentidos.

Este ejemplo es un recordatorio de que somos seres multisensoriales y voluntaria o involuntariamente todo el tiempo estamos emitiendo una serie de mensajes no verbales.

Los seres humanos también se comunican a través del tacto, del olfato y en algunas oportunidades a través del gusto, refiere Flora Davis en su libro La Comunicación No Verbal, que desde su publicación, en 1973, es referencia obligada para estudiantes de comunicación, pero cualquier persona debería leerlo.

El caso de la oficial Yu también corrobora lo que Davis expone en su obra: “subestimamos la importancia de la nariz como receptora de mensajes”.

No vayamos tan lejos, inclusive las formas más básicas de comunicación visual, como las expresiones del rostro, no son identificadas por aquellas personas ensimismadas en un mundo tecnologizado, donde la interacción social es mediada por las pantallas, principalmente por los teléfonos inteligentes.

La Universidad de Stanford desarrolló un algoritmo capaz de reconocer la orientación sexual de una persona a través del análisis de una fotografía con un 91% de precisión. De acuerdo con los investigadores, las máquinas, con el uso de inteligencia artificial, se han vuelto mejores que los humanos en reconocer quién es homosexual o heterosexual. El estudio se realizó con más de 30 mil imágenes de hombres y mujeres publicadas en un sitio de citas en EUA. Este programa computacional ha causado consternación entre la comunidad LGBT por las implicaciones éticas del derecho a la privacidad y por el mal uso que puede hacerse para discriminar a las personas.

En la medida en que la interacción cara a cara disminuye, las habilidades para identificar emociones en diversos contextos sociales también. Es un lugar común decir que esto sólo ocurre entre los milenials, cuando se ha demostrado que incluso las personas mayores también pueden llegar a grados de ensimismamiento en el uso de sus dispositivos móviles, principalmente pasan su tiempo en el uso de WhatsApp y Facebook donde gustan de intercambiar imágenes, videos y memes, aunque prefieren las interacciones personales, según el estudio ‘Gente mayor y medios de comunicación sociales: rompiendo con la e-Marginalidad’ de la Universitat Oberta de Catalunya. Muchos adultos nunca han usado una computadora, pero tuvieron su primera experiencia en el uso de internet a través de sus teléfonos.

Una mirada siempre hablará más que un emoticón.

No obstante, la mayor tendencia del mundo digital se ubica entre los jóvenes, quienes más se apropian de los avances tecnológicos. Una encuesta levantada entre milenials estadounidenses realizada por One Poll reportó que el 65 por ciento de los consultados no se siente cómodo relacionándose cara a cara, y el 80 por ciento prefiere conversar digitalmente. Como resultado, es menos probable que los jóvenes volcados al mundo digital comprendan cómo los perciben los demás en la vida fuera de la red.

En los espacios de cotrabajo (coworking space), en boga en los últimos años como ambientes cool para trabajar, los emprendedores que en teoría deberían interactuar más entre ellos para crear proyectos, en la práctica interactúan menos, así lo sugiere las conclusiones del estudio “El impacto del espacio de trabajo ‘abierto’ en la colaboración humana” de Ethan Bernstein y Stephen Turban de la Escuela de Negocios de Harvard.

Los participantes pasaron un 73 por ciento menos de tiempo en interacciones cara a cara, mientras que el uso de correo electrónico y mensajería instantánea se disparó en un 67 por ciento y un 75 por ciento, respectivamente. Esto no hace gran diferencia si los emprendedores estuvieran trabajando en una biblioteca pública o en la cafetería de la sirenita.

Con la automatización de los diversos procesos en nuestras vidas cotidianas nos estamos acostumbrando a reducir al mínimo la interacción humano-humano, apostando a la interacción humano-máquina. El uso de las apps en prácticamente en todos los servicios como comprar una pizza, tomar clases, planear vacaciones, pedir un taxi hasta rentar un cuarto, por citar ejemplos, apuntalan este fenómeno.

Personalmente experimenté —como seguramente todos los que vivimos en el mundo digital— el grado en que la tecnología está mermando la interacción humana. Utilizando el servicio de Airbnb renté una habitación para pasar mis vacaciones. Mantuve comunicación por chat con mi casero sólo un día previo a mi llegada al destino. Todas las referencias de cómo llegar al lugar estaban escritas. Las instrucciones eran tan detallas desde cómo abrir la puerta hasta cuál era la toma del agua caliente y dónde tenía que dejar la llave cuando me fuera. Nunca tuve contacto con quien me alquiló la habitación. Para bien o para mal, no recibí trato alguno de un humano: ni sonrisas ni gestos malencarados.

Estamos dejando a las máquinas la tarea de identificar la comunicación no verbal o por lo menos hemos bloqueado nuestra percepción del mundo a través de los cinco sentidos. Ensimismados en nuestros gadgets, parece indicar que sí.

En la Universidad de Yale se trabaja en un proyecto para lograr que los robots sean capaces de identificar las emociones de los humanos en tiempo real. Hasta ahora sólo se ha logrado que los robots identifiquen emociones en ambientes controlados.

Salvo quienes sufren alguna discapacidad, todos los seres humanos tenemos la dotación biológica para percibir nuestro entorno y sus estímulos sensoriales, no obstante el uso exacerbado de la tecnología está limitando nuestra capacidad de recibir y leer los mensajes no verbales. De ahí la importancia de revalorizar este tipo de comunicación no mediada por la tecnología.

Vemos pero no observamos, olemos pero no olfateamos, probamos pero no degustamos, tocamos pero no sentimos, oímos pero no escuchamos.

¿Qué implicaciones tiene que seamos menos avezados en leer las señales de la comunicación no verbal?

Quienes aún mantienen la capacidad de conectarse con su entorno empleando sus cinco sentidos, están en ventaja sobre quienes perciben de forma limitada por el uso de dispositivos. Con los mensajes de la comunicación no verbal es posible anticipar respuestas de los interlocutores, prever reacciones y entablar mejores relaciones interpersonales. La comunicación no verbal también puede ser usada como una herramienta para la manipulación o bien para detectarla. Hay quienes tienen la habilidad de cifrar mensajes para lograr sus fines sin que el interlocutor lo perciba. Los publicistas y mercadólogos políticos son maestros en ello.

A nivel de la comunicación interpersonal, cuando hablamos también realizamos una serie de gestos y movimientos del cuerpo que son una rica fuente de mensajes enviados de forma inconsciente a nuestros interlocutores. Quien sabe leer estas señales puede identificar quién habla de forma sincera o quién miente.

En el juego de la seducción, los hombres y mujeres que saben enviar señales con sus posturas corporales y gestos tienen una ventaja en el cortejo. También es posible prever los rechazos durante el flirteo con sólo observar las posturas corporales. Esto evitaría muchos corazones rotos.

No es gratuito que exista el término lenguaje corporal. El cuerpo se puede leer. Se ha desarrollado toda una industria que promete revelar los secretos en el arte de la seducción para atraer a las potenciales parejas. Esto no es más que el uso de técnicas de comunicación no verbal dirigidas al cortejo.

Pero las expresiones no verbales varían entre culturas. No existe un modelo expresivo universal. Psicólogos y antropólogos han estudiado las distintas variantes del cortejo que no son compartidas entre las distintas sociedades.

Los latinos tienen fama de ser cálidos porque a la primera oportunidad buscan el contacto a través de los abrazos, mientras que esas muestras de efusividad son vistas con recelo entre los orientales.

Pongamos como ejemplo el sentido de la culpa en las sociedades judeo-cristianas y el sentido de la vergüenza en las sociedades de tradición confucionista. Un chiste versa que si un asiático y un occidental se encuentran desnudos frente a frente, el occidental se tapará sus partes nobles, mientras que el asiático se tapará sus ojos.

El antropólogo Ray Birdwhistell, considerado el padre de la kinesis o cinesis, sostiene que los movimientos corporales masculinos y femeninos no están programados biológicamente, sino que son producto de los patrones culturales adquiridos desde la niñez.

La kinesis es el estudio del sistema de comunicación no verbal a través los movimientos del cuerpo y las expresiones faciales. Así como en el análisis de un discurso pueden estudiarse párrafos, oraciones, o frases, en el estudio de la kinesis también existen unidades de análisis. A los movimientos apenas perceptibles se les conoce como kines y los movimientos más notorios se les conoce como kinemas. Adquieren un significado cuando se analizan en su conjunto.

Un latino no se mueve de la misma manera que un anglosajón o un asiático. Incluso adoptamos una específica forma de movernos según la clase social o nivel jerárquico al que pertenecemos. En las organizaciones, el jefe suele ensancharse y marcar su espacio en relación con los subordinados, quienes asumen posturas encorvadas o contraídas.

El ser humano se comporta básicamente por dos motivaciones: biológicas y socio-culturales. Las interpretaciones sobre estos comportamientos han generado un intenso debate en la búsqueda de derechos igualitarios entre hombres y mujeres sobre qué tanto son producto de la cultura o derivados de una necesidad biológica.

Las micro expresiones faciales son señales apenas perceptibles, pero que han sido estudiadas gracias a videograbaciones de los gestos. En la publicidad abundan este tipo de estudios para conocer los efectos de los mensajes publicitarios en los consumidores.

Flora Davis, en su libro mencionado, nos advierte que nunca lograremos tener un diccionario sobre los gestos inconscientes porque el significado de ellos debe buscarse siempre dentro del contexto general de la comunicación en la que ocurren. Aunque los investigadores han detectado que el rostro humano es anatómicamente capaz de producir mil expresiones faciales.

El cuerpo es el mensaje. Tras años de estudio de la kinesis, Ray Birdwhistell sostiene que la comunicación humana se encuentra por un nivel debajo del plano consciente y que las palabras apenas ocupan el 35 por ciento del significado de cualquier conversación. Como emisores de mensajes no verbales podemos ser tan explícitos como queramos para lograr que nuestro interlocutor entienda nuestras intenciones sin necesidad de expresarlo verbalmente. Del mismo modo, también es posible identificar estos mensajes que recibimos de los otros.

Y aunque seamos capaces de hacer consiente los mensajes no verbales que emitimos, ello no quiere decir que la comunicación esté exenta de fallos. Pueden darse malas interpretaciones tanto de nuestras propias señales como las que recibimos de los demás.

Para lograr la mejor comunicación no verbal es premisa reconocer al interlocutor como un sujeto activo.

En términos de Birdwhistell, la comunicación es una negociación entre dos personas, un acto creativo y no se explica por el hecho de que el otro entiende exactamente lo que uno dice (o quiere expresar), sino porque él (el interlocutor) también contribuye con su parte en la comunicación; ambos participan en la acción.

Nuestro aspecto físico también es un marcador que comunica. El caso del estudiante de la Universidad de Guadalajara cuyo examen profesional fue suspendido por no vestirse apropiadamente, a consideración de los sinodales, ejemplifica cómo la apariencia cuenta en los contextos culturales como un modo de comportamiento derivado de las convenciones sociales.

El alumno publicó un video en redes sociales donde denunciaba haber sido discriminado por su apariencia. Aunque posteriormente el joven presentó el examen profesional con la vestimenta adecuada. Este caso mostró la importancia que damos a las convenciones sociales relacionadas con el aspecto físico. Por definición, las convenciones no son reglas escritas, sino acuerdos tácitos de comportamiento que son evidentes justamente cuando se rompe la norma.

A riesgo de simplificar, la etiqueta de vestir con traje y corbata es vista en el mundo de los milenials como una convención de otra generación. Su preferencia es usar playera y jeans al estilo Jobs o Zuckerberg. La apariencia física cuenta, por ello cada persona busca diferenciarse con su indumentaria. Pero las convenciones sociales sí importan y al final se imponen. Ni el mismo dueño de Facebook se salvó de vestir traje cuando compareció ante el Congreso de Estados Unidos.

La forma en cómo nos vestimos o nos desvestimos en público puede ser una poderosa herramienta de comunicación no verbal, sobre todo cuando se trata de posicionar mensajes políticos o artísticos. Desde las protestas de los 400 pueblos, hasta las fotos de Spencer Tunick en el Zócalo de la Ciudad de México, o los espectáculos en bikini del cantante Silverio con el fin de transgredir a su audiencia. En los tres casos la desnudez, parcial o total es la principal forma de enviar un mensaje no verbal para atraer la atención de lo que se quiere expresar.

Antes de siquiera pronunciar una palabra, nuestro aspecto físico delata nuestro nivel socioeconómico, gustos y si así lo decidimos, también puede revelar nuestra orientación sexual. Quien nos observa, evalúa nuestra presencia y genera ideas preconcebidas sobre nosotros, sólo por nuestra ropa. De ahí que los principales actos de discriminación ocurren por la apariencia física. En Psicología, al trato diferencial que reciben las personas basado en el aspecto, se denomina «aspectismo». Si somos atentos, también nosotros podemos conocer detalles de las personas con sólo observar hacia dónde dirigen su mirada.

Con el aspecto personal también podemos mentir e inventarnos una personalidad. Una banda de ladrones vestía elegantemente de traje y corbata, con el fin de pasar desapercibidos y robar joyas.

La comunicación no verbal nos recuerda que siempre estamos emitiendo mensajes en diversos niveles, por lo que es indispensable mejorar nuestras habilidades sensoriales y conectarnos más en las interacciones humanas lo que nos ayudará a mejorar nuestra comunicación interpersonal. Como sostiene Flora Davis, el ser humano es un ser multisensorial que algunas veces se expresa con palabras.

Una mirada siempre hablará más que un emoticón.

Cómo citar este artículo: L. Parra Raúl (2018, 2 de agosto) Revalorizar la comunicación no verbal en el mundo tecnologizado. Pensar la Comunicación. Recuperado de https://pensarlacomunicacion.mx/2018/08/02/revalorizar-la-comunicacion-no-verbal-en-el-mundo-tecnologizado/ (incluir fecha de consulta).

2 comentarios

  1. Coincido con tus reflexiones. Varios autores desde varias disciplinas han manifestado las formas en que las relaciones humanas se han trastocado a causa de la innovación tecnológica. El ‘encuentro con el otro’ mediado por las telecomunicaciones es un tema que en el siglo XXI se torna más complejo que nunca. Excelente artículo. Un abrazo hermano. Saludos a tu Chris.

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