Termina lo que iniciaste en cuatro pasos

Coincidencia o destino. En la búsqueda de información para terminar la escritura de un artículo sobre la crueldad (próximo a publicarse), llegué a un punto muerto en el que simplemente las ideas ya no fluyen. Pasaron los días y ese artículo seguía en el cajón de los buenos deseos.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define intención, en su primera acepción, como “determinación de la voluntad en orden a un fin”.

Así estaba yo, determinado con toda mi voluntad para lograr un fin: el artículo. Sin embargo, mi voluntad flaqueaba cuando se atravesaba el fin de semana, la visita de un amigo, la fiesta del primo, la llamada del jefe, el compromiso familiar, la ida al cine…y así hasta el infinito. La intención de escribir quedó en eso, una intención sin acción.
Pensé que yo no era la única persona que sufre de procastinación —palabra de moda— aunque prefiero utilizar el término aplazar. Me sumé a los millones de incautos que viven llenos de intenciones, más que de acciones.

Cuántas veces nuestra voz interna nos dice: “hoy sí terminaré lo que inicié”, y cuántas veces nos respondemos con un pretexto para no concluir lo que sabemos es un pendiente que nos incomoda.

Entonces me topé con un libro, cuyo título no podría estar más acorde con lo que estaba viviendo: Finish What You Start: The Art of Following Through, Taking Action, Executing, & Self-Discipline (2018) de Peter Hollins, especialista en psicología humana y autor de varias publicaciones sobre cognición.

La magia de los libros radica en que nos ofrecen respuestas cuando sentimos que ya agotamos las preguntas. Así me ocurrió con la obra de Hollins, aunque más que respuestas, encontré consejos con sentido común.
El primer paso para terminar lo inconcluso es dejar de pensar sobre lo que debemos hacer e ir directo a la ejecución.

Pensar es bueno, pero pensar de más nos paraliza porque creamos en nuestra mente infinidad de escenarios que son meras especulaciones, fantasías o imaginaciones. En otras palabras, debemos controlar nuestros pensamientos y enfocar la atención en realizar lo que está pendiente.

“El enfocarse guía tus pensamientos para que descubras cómo seguir y dirigir tus acciones hacia lograr tu visión (objetivo). Ver, seguir no se trata solo de esforzarse; se trata de hacer un esfuerzo que se concentre en un solo objetivo”, refiere Hollins.
El segundo paso es la autodisciplina. Ser autodisciplinados nos permitirá lograr lo que nos proponemos. Decirlo es fácil, conseguirlo es el reto. Es como recomendarle a un adicto al cigarro que deje de fumar, como si con sólo usar las palabras éste dejará el vicio.

La autodisciplina requiere acciones pequeñas constantes y cotidianas. Es lo que nos permite trabajar en nuestros pendientes aún cuando la desidia se interponga. Es una fuerza que nos obliga a seguir aún cuando ya no queremos andar. No hay recetas para alcanzar la autodisciplina. Todo radica en cambiar nuestros hábitos. En otras palabras, no es posible obtener resultados diferentes haciendo lo mismo.

Para Hollins, la autodisciplina “es la habilidad de controlarte a ti mismo y mantener el enfoque en lo que hay que hacer, a pesar de las tentaciones y distracciones que puedas encontrar. Este elemento es esencial para seguir adelante porque es lo que te da el poder de regular tus propios pensamientos, sentimientos y acciones hacia fines que son significativos para ti”.
El tercer paso es poner manos y pies a la obra. Además de enfocar nuestras intenciones en un sólo objetivo y ser autodisciplinados, hay que priorizar la ejecución.

La acción —refiere Hollins— es lo que moverá las cosas en el mundo real y las llevará del punto A al punto B, es decir, desde donde te encuentras ahora hasta donde te encontrarás en el cumplimiento de tus objetivos.

“La acción es el aspecto visible del seguimiento (a tus intenciones), lo que realmente se observa, mide y evalúa según tus objetivos, por lo tanto, es crucial para la ejecución de tus planes y la realización de tus metas, ya que sin ella, los planes siguen siendo abstractos y las metas siguen siendo sueños”.

El cuarto paso es ser persistentes. La persistencia es como el pegamento de los pensamientos que se adhieren a las acciones. Persistir nos mantiene firmes en nuestros objetivos, incluso cuando enfrentamos obstáculos que nos alejan de nuestras intenciones.

Al respecto Hollins escribe:

“No es suficiente con solo comenzar; necesitas quedarte hasta que esté listo. Seguir adelante es tener suficiente corazón para seguir empujando incluso ante obstáculos, distracciones y contratiempos. Muchos de los objetivos que vale la pena alcanzar en la vida requieren, no solo una carrera de velocidad, sino de un maratón. Si tu corazón no está lo suficientemente en forma como para correr a lo largo de la carrera, entonces te encontrarás deteniéndote a la mitad y rindiéndote antes de llegar a la línea de meta”.

Las personas más perseverantes son las más sobresalientes, y no necesariamente porque sean las más inteligentes, sino porque son las más aguerridas para llevar a la acción sus ideas transformadas en objetivos.

Una buena dosis perseverancia, sin caer en radicalismos que rocen en la terquedad, nos llevará a concretar nuestros pendientes.

Regresando a mi caso, aún no termino el artículo sobre la crueldad. En el camino escribí éste, como un ejemplo de cómo pasar de la intención a la acción.

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