10 Aforismos de Carlos Monsiváis

“Monsiváis no es un hombre de ideas sino de ocurrencias”. Con estas palabras Octavio Paz calificó el pensamiento del cronista y ensayista, en medio de una disputa entre ambos literatos por sus distintas formas de ver la política mexicana de su época.

Todo inició en 1977, cuando Octavio Paz, a propósito de haber recibido el Premio Nacional de Letras, fue entrevistado por Julio Scherer en la revista Proceso.

En la entrevista, publicada en dos números del semanario, el poeta dijo que la izquierda mexicana tenía “una suerte de parálisis intelectual”, y veía una ausencia de proyectos. “Las ideas se han evaporado”, consideró.

Paz también aludió a unos “jóvenes radicales” que en el suplemento de Siempre! se dedicaron a denunciar “la posición de los intelectuales liberales” “para arrojarnos al mismo infierno histórico”. Entre esos intelectuales se encontraban Carlos Fuentes, Fernando Benítez y el mismo Paz, quienes habían expresado opiniones positivas acerca del presidente Luis Echeverría. Aunque posteriormente el poeta se desmarcó del echeverrismo.

Entre los “jóvenes radicales” se encontraba Monsiváis, quien respondió, también en la revista Proceso, a los comentarios del autor de El Laberinto de la Soledad.

En el mismo tono que el poeta, Monsivaís escribió: “Paz no es un hombre de ideas sino de recetas”.

“Paz es un hombre de ideas (fijas y de las otras). Su talento, con ser universal, no es omnisciente aunque suela pretender dogmáticamente el monopolio de la discrepancia e insista en inscribirse en el género grande por el tranquilo método de confinar a sus contrincantes en el hoyo populista del género chico”, reviró Monsiváis.

Los ires y venires de las mutuas críticas ocurrieron en una serie de artículos publicados a lo largo del año 77, y concluyeron en enero de 1978. Este intercambio fue catalogado entonces como “la polémica más importante de los últimos diez años”.

En el fondo, más que diferencias políticas, yacía una lucha por el poder cultural en México, opinó la revista Nexos en un artículo publicado un mes después de finalizar la disputa, en el que recopiló los argumentos esgrimidos entre uno y otro.

Decir el “final de la disputa” es retórico. Ambos escritores mantuvieron sus diferencias hasta sus últimos días. En el México de entonces se conformaron dos grandes bandos de intelectuales, uno aglutinado en la revista Nexos y, el otro, en la revista Vuelta-Letras Libres.

Los de izquierda o progresistas (Nexos) acusaban al otro bando de ser “intelectuales orgánicos” y hacerle el juego al régimen priista. Los liberales, también llamados de derecha (Vuelta-Letras Libres) criticaban a los progresistas de hacerse de la vista gorda en los abusos del régimen cubano y en las promesas incumplidas de los regímenes socialistas. Por varios años ambos bandos energizaron el debate nacional gracias a su intercambio y contraposición de ideas. No cabe duda que estos diferendos contribuyeron a la democratización de la que hoy gozamos con todo y sus defectos.

En el México actual, frente a la polarización que vivimos, se extraña tener debates de altura, como los protagonizados entre Paz y Monsiváis. Debemos conformarnos con las disputas entre youtubers y actores, entre la cuarta y la anticuarta, entre la simplicidad de los argumentos a través de descalificativos, entre los hilos de comentarios en Twitter y Facebook, en los motes de liberales y conservadores. Todo el mundo opina aunque pocos sepan del tema. Lo importe es el ruido, no la música.

Regresando a nuestros personajes, Paz siempre fue identificado como un intelectual elitista, no obstante, su pensamiento (aquí hay que diferenciar su obra poética de su faceta como ensayista) fue uno de los más influyentes del Siglo XX en el mundo cultural y político mexicano y latinoamericano, ya fuera para criticarlo o para suscribirlo. El poeta devino en un ser inalcanzable y de influencia mundial cuando obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1990.

Monsiváis, por su lado, era visto como el intelectual de las masas; un día opinaba de política mexicana y al siguiente hablaba sobre la telenovela más popular de Televisa.

Monsi estaba en todo. Era el único escritor al que la gente reconocía en la calle, y no porque lo leyeran, sino porque él aprendió a leer a la gente en la cultura popular. Él entró en los espacios narrativos consumidos por las masas: la radio, el cine y la televisión además del periodismo. Si Monsi viviera, seguramente sería el invitado de honor para opinar en todos los canales de los youtubers más socorridos con los likes del público. Sería el influencer de los influencers. Sus ocurrencias serían virales.

Basta con ofrecer una pincelada de Monsiváis para verlo en acción. En 1977 ofreció una entrevista a Televisa para hablar de la publicación de su libro Amor perdido, el cual reúne perfiles de personajes mexicanos tan diversos como Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Fidel Velázquez, la Tigresa, David Alfaro Siqueiros, Salvador Novo, Raúl Velasco, entre otros.

El periodista, de quien desconocemos su identidad, le pregunta: ¿cuánto se tarda en publicar un libro como éste?.

—Si yo fuera crítico de teatro diría que en un santiamén, pero no siéndolo, se lleva años, —responde mordazmente Monsiváis, pero el periodista ni se da cuenta de ese humor ácido edulcorado con un tono de sencillez.

—¿Y vale la pena cuando se hacen (sic) 4 mil ejemplares en un país de 70 millones de habitantes? — continúa el periodista queriendo ser crítico.

—Esa pregunta es difícil de responder —contesta Monsiváis— porque la tendencia natural es soltarse a llorar, pero creo que sí, sí vale la pena porque uno encuentra que, además, nunca se ha planteado incorporar a las mayorías al seno de su santa lectura. Creo que honestamente muy poca gente puede pretender en los países latinoamericanos hablarle a un número más alto de gente. La cultura es una actividad minoritaria, lo que yo insisto en diferenciar de elitista. Elitista supone el orgullo de un grupo exclusivo. Y minoritario supone lo que es a fuerzas, a pesar suyo. Y hablar a cuatro mil gentes o hablarle a mil tiene sentido si esos son los interlocutores posibles o deseables en este momento.

Han pasado 43 años de esa entrevista. Ya no somos 70, sino 120 millones de mexicanos. La población ha crecido en 50 millones pero los lectores de libros siguen siendo minoría. Según el INEGI, 4 de cada 10 mexicanos de 18 y más años de edad alfabeta afirman leer libros. Sin embargo, en 2020 se lee menos (41,4%) de lo que se leía en 2016 (45,9%). Quizás en los tiempos de la pandemia, la gente ha tenido oportunidad de leer más.

El décimo aniversario luctuoso de Monsiváis es un buen pretexto para elevar el número de sus lectores, sobre todo entre los más jóvenes, quienes no saben por qué era considerado el intelectual de las masas. Es más, en la era de redes sociales habría que comenzar por explicarles el concepto de comunicación masiva, que en el vocabulario del Siglo XXI se traduce en el meme más compartido, los millones de reproducciones o el trending topic.

En 2010, cuando se despidió a Monsiváis en el Palacio de Bellas Artes, fui testigo de cómo la gente perseguía la carroza que transportaba sus restos, como si se tratara de un rock star. Desde entonces no he vuelto a ver tal cariño y reconocimiento prodigado por parte del gran público a ningún escritor-intelectual mexicano.

Con sus comentarios mordaces, su crítica ácida, su humor infalible y su opinión certera sobre cualquier tema, hasta los que desconocía, Monsi creaba la ilusión de que todos podíamos ser críticos mordaces y desplegar un humor erudito en el habla cotidiana con nuestros amigos. Con Monsi todos nos sentíamos intelectuales. Su figura no se imponía, como la de Paz, sino que invitaba al público a dialogar con él.

Ese era el genio del cronista de México, crear la ilusión de que sus frases eran fáciles de construir, de que sus ocurrencias, como las llamó Paz, estaban al alcance de cualquiera y, sin embargo, no ha existido un escritor que conjugue lo erudito con lo masivo, lo llano con lo complicado; uno que sea capaz de analizar la cultura popular sin pedantería ni el tutelaje de quienes miran al populacho desde las alturas de la intelectualidad. Monsi fue uno de los primeros en abogar por los derechos de las minorías en nuestro país, y uno de los principales defensores de los gatos.

Como lo dijo Carlos Fuentes al despedir a Monsiváis, afortunadamente, un escritor nunca muere porque deja su obra.

Nos quedan sus libros, sus artículos periodísticos y las pinceladas de su pensamiento, “sus ocurrencias” .

El novelista, cuentista y aforista, Francisco León, no sólo recopiló, sino que extrajo de la obra de Monsiváis sus aforismos. Con ayuda de la familia Monsiváis, León compiló los materiales en el libro Autoayúdate que Dios te Autoyudará Aforismos de Carlos Monsiváis. (Seix Barral 2011).

Un aforismo es la más poderosa ocurrencia que un ser humano pueda construir de forma sintética en una línea o máximo dos.  El diccionario de la Academia Española lo define como una máxima o sentencia que se propone como pauta en alguna ciencia o arte.

Con el fin de recordar los 10 años de la ausencia corpórea de Carlos Monsiváis, y la inmanente presencia de su obra, comparto una muy personal selección de 10 aforismos de los más de 100 contenidos en el libro. La mejor forma de recordarle es leerle.

Para estar a tono, iniciamos con el aforismo sobre las décadas.

  1. Como todos creemos en las décadas, al pasado no le queda más remedio que dividirse en diez. (pag 50).

  2. No hagas caso de lo que te digo, sino de lo que te quiero decir. (pág. 29).

  3. “La flojera del mexicano” más bien se llama desempleo. (pág. 30).

  4. Lástima que cada gobierno tarde seis años en enterarse de lo que pasó en su sexenio (pág. 31).

  5. Hay lágrimas tan viriles como los puñetazos (pág. 39).

  6. Babel fracasó no por la intención sino por la falta de fondos (pág. 40).

  7. El que no es libertino a los 70 ya no lo fue a los 20 (pág. 47).

  8. Desmañanarse es como andar desnuda en una procesión. O, peor aún, como entrevistarse con diez productores de cine seguidos, sin recibir de ninguno de ellos una proposición horizontal (pág. 50).

  9. Cada que la Identidad Nacional agoniza alguien, para resucitarla grita “¡¡Gol!!”. (pág. 73).

  10. Siempre que leo un libro de autoayuda, me convenzo de que el espíritu humano se compone de diez lecciones.

 

Portada Libro Aforismo

Todos los aforismos están contenidos en el libro de Francisco León: “Aforismos de Carlos Monsiváis. Autoayúdate que Dios te autoayudará” (Seix Barral, 2011).

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