La Nueva Era de la Educación Híbrida

¿La pandemia aceleró los procesos de educación virtual universitaria? O más bien, nos sacó de nuestro letargo para situarnos en una nueva realidad, a la que pocos estábamos preparados.

El modelo de educación en línea, bajo el esquema tradicional, era considerado ajeno al presencial. Dos mundos que nunca se tocan.

El confinamiento obligado por la pandemia está provocando un cambio en cómo las Instituciones de Educación Superior (IES) alrededor del mundo conciben los sistemas de enseñanza presencial y virtual. Un nuevo paradigma está emergiendo.

De pronto, estudiantes, profesores y autoridades universitarias nos vimos inmersos en un nuevo aprendizaje digital. Se cayeron mitos. Un meme que circula en internet lo describe elocuentemente. Cito de memoria: “La pandemia ha demostrado que los milennials son nativos digitales pero sólo en el uso de redes sociales, no todos saben utilizar las plataformas para tomar clases en línea”.

La pandemia evidenció que todos tenemos distintos grados de analfabetismo digital. Sobre la marcha y a base de prueba y error, hemos aprendido a utilizar los Sistemas de Gestión de Aprendizaje LMS, por sus siglas en inglés (Learning Management System), tales como Moodle, Google Clasroom, Blackboard, Zoom, por mencionar algunos.

Las computadoras son nuestra conexión con el mundo, pero en casa descubrimos que nuestros equipos no estaban actualizados porque usamos más nuestros celulares o tabletas. Quienes cuentan con los medios compraron nuevos equipos, otros desempolvaron sus viejas PC. Algunos sólo usan teléfono celular, en el mejor de los casos, un Ipad. Se trabaja con lo que se tiene.

Entusiastas profesores han aprendido de las técnicas de los youtubers para impartir sus clases, desde encontrar los mejores encuadres de la webcam o la cámara del celular, hasta mejorar la iluminación para salir a cuadro.

De acuerdo con el informe Retos de la Educación a Distancia en la Contingencia Covid-19, elaborado por la Coordinación de Desarrollo Educativo e Innovación Curricular de la UNAM (CODEIC), los recursos tecnológicos que los docentes utilizan en su trabajo a distancia se agrupan en cuatro tipos:

  • ● De comunicación: Facebook, Twitter, WhatsApp o correo electrónico.
  • ● De trabajo académico: Moodle, Google Suite, Google Classroom, Teams.
  • ● De almacenamiento: Dropbox o Google drive.
  • ● De trabajo sincrónico: Skype, Google Hangouts o Zoom.

Hemos incorporado en nuestro vocabulario cotidiano palabras como webinarios, moocs, videoclase, aulas virtuales, repositorios, podcast, videocast, bibliotecas digitales… Ninguno de estos conceptos, ni las plataformas mencionadas, son nuevos. La pandemia los colocó al centro de nuestra realidad académica.

La transición de las clases presenciales al entorno virtual no ha sido para nada tersa. Tanto en alumnos como en docentes ha implicado un desgaste emocional e incrementado los niveles de estrés. Por obvias razones, nadie contaba con un plan: se ha tenido que improvisar y diseñar materiales didácticos digitales desde cero.

En el estudio de la CODEIC, los docentes afirman que tienen más carga de trabajo en línea que en el modo presencial, y que gran parte del tiempo empleado es para resolver dudas y cuestiones técnicas de conectividad de los alumnos.

Testimonios de docentes de la UNAM, recogidos en el estudio de la CODEIC.

Sobre la carga de trabajo:

  • “Todo el día estoy trabajando, ya que tengo que atender a 300 alumnos en línea”.
  • “Las asignaturas que imparto son teórico prácticas, la práctica virtual es difícil”.
  • “Es complicado trabajar en casa y lidiar con las tareas del hogar todo al mismo tiempo”.

Sobre los alumnos:

  • “Los alumnos no siguen las instrucciones que les di y complican mi trabajo”.
  • “Falta de iniciativa de los estudiantes”. “deficiencia en los alumnos en el manejo de las TIC’s, el alumno no sigue las indicaciones que se le dan”.
  • “(los alumnos) Sienten angustia, frustración y están poco motivados, se sienten decepcionados y quieren aprender, pero necesito motivarlos mucho”.
  • “No saben organizar sus actividades y todo lo dejan para la última hora”. “Hay 2 o 3 alumnos por grupo que no tienen habilidades digitales, se frustran y están en contacto todo el día con dudas y preguntas”.
  • “Para los alumnos significaba un esfuerzo mayor hacer tareas de 8 materias simultáneamente que asistir a clases. Pareciera que les preocupa más la evaluación que el aprendizaje y desarrollo de competencias que requieren para egresar y ejercer de la mejor manera”.

La educación híbrida

Si juzgamos por los testimonios de los docentes, pareciera que el entorno virtual presenta más desventajas que ventajas. No olvidemos el accidentado trayecto es debido a que el cambio ocurrió de golpe, sin ningún proceso de adaptación. Ello, aunado a la incertidumbre por saber cuándo será el regreso a las clases presenciales, complican el panorama para los docentes.

La educación híbrida es todo lo contrario a un entorno caótico. Busca mejorar los procesos de enseñanza, creando los ambientes virtuales y presenciales que mejor se adapten a cada caso.

El concepto no es una novedad. En 2014, en un estudio patrocinado por New Media Consortium y EDUCAUSE Learning InitiativeONG que promueve el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) para elevar la calidad de la educación superior— plantea que la educación híbrida consiste en incorporar herramientas de la educación virtual en los esquemas de la educación presencial.

En dicho documento, cuyo fragmento se traduce para el presente artículo, se expone:

Los paradigmas de educación están cambiando para incluir más aprendizaje en línea, combinado e híbrido, así como los modelos colaborativos. Los estudiantes ya pasan gran parte de su tiempo libre en internet, aprendiendo e intercambiando nueva información.

Las instituciones que abarcan los modelos de aprendizaje presencial, en línea e híbrido tienen el potencial de aprovechar las habilidades digitales que los estudiantes ya han desarrollado, independientemente de la academia.

Los entornos de aprendizaje en línea pueden ofrecer diferentes posibilidades a las de los campus físicos, incluyendo oportunidades para una mayor colaboración, mientras que se fortalecen las habilidades digitales de los estudiantes. Los modelos híbridos, cuando se diseñan e implementan con éxito, permiten a los estudiantes ir al campus universitario sólo para algunas actividades, mientras que usan la red para otras, aprovechando lo mejor de ambos ambientes.

Bajo este enfoque, no existe una división entre los entornos educativos presencial y virtual. Son complementarios. El currículo se diseña bajo un mismo modelo de enseñanza. Los estudiantes tienen la opción de elegir dónde, cuándo y cómo tomar las clases.

¿Estamos ante el nacimiento de un sistema educativo híbrido?

Cuando termine el confinamiento por la pandemia, el regreso a la “nueva normalidad” con distanciamiento social supondría un redescubrimiento de las herramientas digitales para incorporarlas al sistema presencial, tanto en escuelas públicas como privadas.

Pongamos como ejemplo el caso de un alumno de la UNAM, residente en la Alcaldía Magdalena Contreras, y toma clases en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Para llegar a clase de 7 de la mañana —siempre he pensado que ese horario es inhumano para tomar clases— debe despertase diariamente a las 04:30, recorrer en transporte público los casi 27 kilómetros de distancia de un punto a otro, lo que toma unas 2 horas, con tráfico incluido.

El alumno somnoliento toma clases, lo que afecta su rendimiento escolar. Y su jornada apenas inicia. Si tuviera la posibilidad de optar por clases en línea, combinando sesiones presenciales, no sólo mejoraría su rendimiento académico, ayudaría a su economía familiar al ahorrarse el dinero de pasajes, y reduciría las horas-hombre perdidas en los traslados. Este ejemplo, inspirado en un compañero de mis tiempos universitarios, es una realidad para miles de jóvenes que recorren largas distancias. Ellos serían los más beneficiados si existiese un sistema híbrido de educación universitaria.

De hecho, durante estos tiempos de pandemia, la UNAM ha mantenido sus clases en línea gracias a que desde hace años se ha preocupado por impulsar el sistema de educación a distancia. Se han abierto 16 mil aulas virtuales de nivel bachillerato hasta posgrado. Y muchos de los recursos digitales son de libre acceso para toda la comunidad, sin importar si se es alumno de dicha institución. Contadas son las instituciones públicas en el mundo que tienen tal infraestructura digital, por su alcance y dimensiones.

La UNAM, que en sus metodologías de enseñanza y evaluación ha desarrollado diversos esquemas educativos flexibles e innovadores, aún no implementa un sistema de educación híbrida. Sus modalidades están separadas: presencial, abierto o a distancia.

El sistema híbrido no hace distinción. Todo forma parte del mismo currículo. Por ello no debe confundirse con el sistema de universidad abierta, donde la institución le indica al alumno cuándo debe ir al campus para tomar asesorías. En el modelo híbrido es el alumno quien decide si toma el curso presencial o a distancia.

En las instituciones, la principal barrera para diseñar un sistema educativo híbrido no solamente es de orden tecnológico. Si bien no todos los alumnos tienen de los medios tecnológicos, el abaratamiento de los equipos y el incremento de conectividad a la red con celulares, permiten reducir las brechas digitales. Aunque la banda ancha aún es deficiente, la velocidad de conexión mejora cada año.

Un factor que frena el desarrollo de sistemas híbridos es la resistencia al cambio de profesores y autoridades educativas, porque que se han formado bajo el modelo presencial, que tradicionalmente es visto como el más óptimo para el aprendizaje. Las inercias institucionales, cuya maraña burocrática dificulta implementar nuevos modelos, también es otra barrera.

Un sistema no cambia por sí solo, requiere de una fuerza externa que lo empuje. La pandemia es esa fuerza, ese acicate que está obligando a todos los sistemas educativos a replantearse sus modelos de enseñanza, o de lo contrario, corren el riesgo de rezagarse.

Pensaríamos que las resistencias sólo ocurren en naciones en vías de desarrollo como México, pero en Alemania, una de las naciones más industrializadas, también ha tenido complicaciones para incorporar el sistema virtual en la enseñanza, en parte, por la falta de destreza de sus docentes en los usos de las TIC.

Es un malentendido pensar que los ambientes virtuales sustituirán a los presenciales. El ser humano necesita de la interacción cara a cara. Somos animales sociales.

Los mismos alumnos de la modalidad presencial son escépticos del sistema híbrido. Ir físicamente al campus les permite socializar, les genera un sentido de identidad, sentirse parte de una institución, refiere Omar de la Rosa, académico de la Universidad Intercontinental.

Una alumna, originaria de China, considera que tomar clases en línea le ayuda a concentrarse en los contenidos del docente, pero extraña la interacción con sus compañeros y las dinámicas grupales.

El sistema híbrido implica una opción más para que los alumnos, según sus necesidades,  construyan sus entornos de aprendizaje.  Es tener lo mejor de ambos mundos: las ventajas de las clases en línea, con los beneficios de la clase presencial.

Modelo de Educación Híbrida. Elaboración propia con base en el concepto Hiflex
Modelo de Educación Híbrida. Elaboración propia con base en el concepto Hiflex.

La educación híbrida permite:

  • Utilizar las herramientas digitales para crear ambientes colaborativos entre los mismos estudiantes, y recibir retroalimentación de los profesores.
  • Tomar clases de forma sincrónica, es decir en tiempo real, o asincrónica, cuando la clase queda grabada en algún medio digital (audio o video) para su posterior consulta.
  • Las clases pueden ser personalizadas, colectivas o masivas, dependiendo de la matriculación y los esquemas de evaluación.
  • Los contenidos son más dinámicos y flexibles.
  • El alumno construye su ritmo de aprendizaje con la tutoría del profesor.

Estos no son postulados teóricos, son prácticas docentes que se han materializado en diversas universidades, mucho antes de la pandemia. La situación actual de tomar clases en casa propicia que más IES consideren el modelo de educación híbrida, el cual dejará de ser un concepto novedoso para posicionarse como la nueva normalidad en la enseñanza.

Transitar al modelo de educación híbrida requiere:

  • Voluntad de cambio de las IES y autoridades educativas para realizar las reformas en los planes de estudios.
  • Infraestructura tecnológica mínima para la conectividad virtual.
  • Capacitación de los docentes y que tengan libertad de elegir qué modelo les conviene más, el tradicional o el híbrido
  • Determinar qué tipo de asignaturas podrían darse bajo este esquema, sin que implique una mayor carga de trabajo.
  • Adaptar el modelo a las realidades de los estudiantes, considerando que no todos tienen los recursos tecnológicos, las habilidades digitales o la disposición.
  • Considerar que es un proceso de transformación gradual, que implica la formación de nuevos profesionales de la educación.

De algún modo, todos ya estamos inmersos en la modalidad virtual y contamos con un conocimiento básico. Se trata de incorporar esta nueva experiencia de enseñanza en línea al ámbito presencial.

A estas alturas del confinamiento, seguramente docentes y autoridades educativas han identificado los alcances y limitantes de la educación en línea. El siguiente paso es incorporar lo mejor de ambos entornos en beneficio del aprendizaje estudiantil.

No desaprovechemos esta oportunidad de avanzar en la innovación de la enseñanza. Sería un error regresar al esquema tradicional de dividir las modalidades presencial y virtual, como si fueran excluyentes. Es cierto que aún experimentamos el shock de vivir confinados. Esto pasará. Miremos la educación híbrida como una realidad. Depende de nosotros si postergamos nuestra entrada al futuro, que ya está presente.

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