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Breve Manual para Detectar Propaganda Primera Parte: Calidad de la Información

En los regímenes autoritarios se recurre a la censura para controlar el flujo de la información, mientras que en las democracias se acude a la propaganda.

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Por Raúl López Parra

En los regímenes autoritarios se recurre a la censura para controlar el flujo de la información, mientras que en las democracias se acude a la propaganda.

La expansión de la conectividad a internet, que ha configurado la era digital o era de la información, potencia el acceso de las audiencias a un sinnúmero de fuentes informativas que permiten contrastar diferentes hechos y puntos de vista sobre una ilimitada variedad de temas. Sin embargo, la promesa de que a mayor flujo informativo tendríamos acceso a una mayor variedad de contenidos periodísticos se ha quedado corta. Parece un contrasentido pero tiene una explicación sencilla.

Innegablemente que en el Siglo XXI las personas pueden acceder a datos provenientes de cualquier parte del mundo de forma inmediata. No obstante, la personalización de contenidos está parcializando la información que consumimos y no necesariamente se está desencadenando una mayor consulta de fuentes alternativas, por el contrario, los medios tradicionales —por definición los que no se crearon en internet— han expandido sus fronteras (sobre todo los más poderosos).

Pocos medios digitales producen realmente contenidos exclusivos. Ofrecen noticias que son eco de las que aparecen en los medios tradicionales, sólo que aderezadas con la opinión o el encuadre de quien posee la titularidad del dominio web. En otras palabras, tenemos una gran variedad de lo mismo: un solo contenido en múltiples páginas.

Haga una prueba empírica para corroborarlo. Visite los principales portales de noticias. Seleccione un titular, cópielo y péguelo en Google. Ahora, vea cuántos sitios web reproducen la misma información. Si el contenido sólo aparece en el sitio del cual copió el titular, entonces puede decir que está leyendo un contenido exclusivo, pero si se despliega una larga lista de webs con la misma información, sería bueno que revise cuál es la fuente original.

La calidad de la información y la investigación periodística ha cedido al vertiginoso consumo mediático en un entorno de cambio permanente. Vivimos el copy paste periodístico llamado curaduría de contenidos. Esto es así debido a que producir información cuesta dinero y esfuerzo en investigar, contrastar, analizar y publicar.

Aquí no estamos considerando la información producida fortuitamente. Es decir, aquellos contenidos documentados por alguien que estaba en el lugar y momento en que ocurrieron los hechos, pero que se transmite el contenido sin ningún tratamiento informativo. Yo puedo captar un accidente, grabarlo con mi celular, subirlo a mi facebook y no aportar más información que el mero video y mi impresión sobre lo que atestigüé.

Algunos lo han llamado periodismo ciudadano, otros se resisten a definir como periodismo ciudadano el sólo hecho de grabar un video aunque éste registre un abuso de autoridad, un asesinato o un robo. Eso sólo muestra que algo pasó pero no explica la historia de cómo ocurrió. Y el periodismo explica, documenta, infiere y hace preguntas.

Exceptuando este tipo de contenidos, nos concentramos en la información que reportan las organizaciones periodísticas que, a su vez, pueden retomar los contenidos producidos por las audiencias.

El CONSUMO INFORMATIVO

Bajo la ilusión de la gratuidad, el público no está dispuesto a pagar por informarse en internet. El resultado es que sólo aquellos medios tradicionales o digitales que pueden financiarse son los que están en condiciones de producir contenidos exclusivos. Lo demás es un refrito.

Entonces ¿quién paga los contenidos? Hay múltiples financiadores, los principales son los gobiernos, pero también se encuentran las organizaciones empresariales, partidistas, civiles, religiosas, educativas por mencionar algunas.

La gratuidad informativa es un campo fértil para la propaganda, la cual se cuela en los reportes noticiosos sin que lo notemos. La propaganda no respeta sexo, religión, edad, nivel socioeconómico, ideología justamente porque se hace a la medida de cada público. Se debe segmentar para propagar.

Los formatos periodísticos se han transformado según las posibilidades digitales. Se dispone de pocos minutos para informarse en un mundo saturado de noticias. En ese mar de datos, la propaganda ha encontrado un espacio fecundo que se abre camino en medio de la información basura que nos llega todos los días vía las redes sociales.

LA INFORMACIÓN BASURA

Por información basura entiendo aquella que se difunde sin contextualizar cómo se produjo ni responder a las preguntas básicas del periodismo qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué.Picture-96

La información basura no aporta ningún elemento que ayude entender el tema del cual se habla y mucho menos se relaciona con asuntos del interés público. Además, es un distractor que acapara el poco tiempo del que disponemos para informarnos de los asuntos que realmente impactan nuestras vidas cotidianas o nuestro entorno social, político, cultural, económico.

Abra su perfil de Facebook o Twitter y descubrirá que los trending topic más que ser guías informativas se convierten en distractores de los contenidos esenciales.

LA INFORMACIÓN VIRAL

Pero no nos confundamos. Un trending topic, definido como el tema que más veces es compartido en las redes sociales, es construido por la viralización.

La viralización no tiene un centro definido. Opera a partir de diversos nodos que destacan de entre una gran red de conexiones con el potencial de ampliar el alcance de la difusión de contenidos.

Por ejemplo, si usted comparte un contenido en su perfil de Twitter, pero sólo tiene 10 seguidores, sus posibilidades de alcanzar una mayor audiencia quedan limitadas a ese público, con el potencial de que uno de sus contactos, a su vez, retransmita la información que usted compartió.

morris1Supongamos dentro de sus 10 seguidores hay uno que a su vez tiene un millón de seguidores. Si ese contacto comparte su información, el potencial, o poder de difusión, cobra otra dimensión. De ahí la importancia de poner mayor atención sobre qué tipo de información publican o comparten quienes gozan de un mayor alcance viral, es decir, de las celebridades tuiteras o facebukeras.

¿Cómo definir la calidad informativa?

Existen elementos objetivos que permiten identificar si la información que usted está consumiendo o compartiendo en las redes sociales es producida bajo estándares profesionales o de manufactura que satisfacen las exigencias periodísticas.

Sin agotar los puntos, a continuación se ofrecen algunos criterios que pueden ser tomados en cuenta para juzgar si una información es de calidad.

  1. El primero es la relevancia. El tema del que se informa a cuántas personas afecta, qué implicaciones tiene, cuál es el nivel de conflicto reportado, qué utilidad tiene para el público.
  1. El segundo es la veracidad y objetividad. Sin caer en la trampa discursiva de que la información periodística busca decir la verdad, podemos expresar que el buen periodismo es aquel que ofrece la mejor versión de los hechos con un balance de las fuentes consultadas. Se ponderan todos los puntos de vista y se presentan datos y opiniones en contra o a favor del hecho reportado y se tiene como primicia preguntar lo que no se quiere responder e informar de lo que no se quiere hablar.
  1. El tercero es el manejo de datos. Los datos que ofrece el reporte noticioso han sido verificados y contrastados. Éstos pueden derivarse de un análisis propio, elaborado por el mismo medio, o bien son tomados de terceras fuentes, tanto organizaciones oficiales o no oficiales. Los datos presentados se explican y se contextualizan.
  1. Cuarto el nivel de profundidad. La información explica causas y consecuencias del hecho reportado o sólo se presenta un fragmento de la historia.
  1. Quinto la sobriedad. El uso o abuso de adjetivos. Si en la información sobresale la estridencia de los adjetivos con los que se acompañan los datos, entonces la información no está lo suficientemente documentada, por lo que debe recurrirse al adornamiento. Es decir, exagerar el titular para lograr un mayor impacto, con el fin de captar la atención o apelar a la emoción más que al razonamiento. En otras palabras, el amarillismo.

Los contenidos de calidad están ahí, en la red, como las pepitas de oro que esperan ser encontradas por el caza fortunas. Información es poder y quien se informa mejor amplía sus posibilidades de tomar mejores decisiones e interactuar óptimamente en su entorno. El primer paso para informarse mejor es hacer un consumo crítico de la información.

A partir de esta idea responda a la siguiente pregunta, ¿usted se considera capaz de distinguir la diferencia entre hechos y propaganda?

En la siguiente entrega exploraremos los diversos tipos de propaganda e intentaremos ofrecer una breve guía para detectarla.

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